Texto: J. Batahola para Mondosonoro. Foto: Chus Antón.
El paisaje rocoso creado por Steve Albini ha quedado atrás dejando un directo mucho más sólido. Necesitaban dar un paso adelante y lo han hecho volviendo al pop cristalino de sus primeros discos, sin demasiadas vueltas y con toda la experiencia de dieciséis años firmando estribillos memorables.
No es fácil escribir canciones sencillas y redondas. Tampoco debe de serlo componer pequeños himnos generacionales que enganchen a la primera, pero La Habitación Roja tienen la habilidad de sacar cuatro o cinco por disco y además son conscientes de que a veces no es posible. El apunte de humildad no parece fingido y tiene bastante importancia; a lo largo de los años es algo que no se han cansado de repetir. Lo que ves es lo que hay. Desde la azotea de las oficinas de su discográfica en Madrid, Jorge Martí (voz y guitarra) se reafirma en algo tan básico sin que suene a debilidad. “Buscábamos un sonido que conectara con nuestros discos de cabecera de la adolescencia, y salían álbumes como ‘Automatic for the People’ de R.E.M, ‘The Queen is Dead’ de los Smiths, ‘Ocean Rain’ de Echo & The Bunnymmen… Las canciones que haces en un determinado momento son las que te llevan a un lugar o a otro. Muchas veces los sellos te dicen “Es que en tal disco tenías que haber grabado más hits”, y yo pienso “¿Tú los tenías? Pues yo tampoco”. Metes lo que tienes en ese momento. A todos nos encantan las canciones inmediatas y directas que se convierten en himnos, pero si lo intentas hacer de forma premeditada, al menos a nosotros no nos sale”. No se resisten a abandonar su parcela en ese limbo comercial entre el mainstream y el underground, pero es algo que no depende de ellos sino de las características de un mercado que está en continua evolución y sólo aspiran a ser honestos consigo mismos. Mientras tanto, han conseguido llegar a disfrutar de ser un grupo de (no tan) pequeñas y devotas multitudes. “Realmente no esperamos dar más saltos que los de alegría. Es cierto que hay una tierra de nadie y probablemente nosotros transitamos por allí. No es que sea un desierto, porque hay mucho trabajo que desarrollar y otros grupos que lo hacen igual de bien. Aspiramos a que nuestra música, como indica el nombre del disco, sea universal y que trascienda nuestros límites actuales. No por el hecho de la fama, la gloria y el dinero, sino porque es importante para un grupo tener nuevos retos, ambición, renovar público y llegar a otros sitios que no has llegado siempre que seas fiel a tus premisas y a lo que te gusta. Creo que hemos equilibrado la balanza entre la frescura y la madurez, entre la tristeza y el optimismo y editado un disco equilibrado; y es pop porque también nosotros somos un grupo de pop”. Sin sentirse el centro del universo, tan sólo del sencillo mundo que les rodea, han dejado de lado el ampuloso y rotundo sonido de sus dos anteriores trabajos grabados en Chicago con Steve Albini para volver a lo básico y a lo que mejor saben hacer: canciones sin artificios, sin complicaciones pero con estribillos demoledores. Y su media sigue siendo bastante superior al resto. “Younger”, “Voy a hacerte recordar” o “Días de Vino y Rosas” son tres temas que sin duda arrasarán en directo. “La verdad es que queríamos y necesitábamos hacer algo diferente. Tras dos discos muy crudos grabados con Albini, con otro tipo de texturas y sonoridad, pensábamos que por ese camino no queríamos seguir. Hemos hecho también muchas cosas aparte de canciones en los últimos meses, pero no hemos dado demasiados conciertos. Sí ha habido mucho trabajo en casa con las guitarras acústicas y las voces y de alguna manera queríamos comenzar una nueva etapa. Empezar con algo mucho más pop y luminoso, en el que primara más la canción y el conjunto que las estructuras. Veíamos que se abrían nuevos campos por la línea que lleva el disco y nos apetecía seguir por ese camino”. Eternos aspirantes a la primera división del indie nacional, como no podía ser menos en su universo de perdedores orgullosos de serlo y de levantar la cabeza frente al absurdo de la vida diaria y al sinsentido del desamor no deseado, la experiencia americana terminó de pulir un sonido que les acercó a la potencia de sus conciertos. De vuelta a la atmósfera más cristalina de sus cuatro primeros LPs pero con una calidad técnica a años luz de aquellos, se lo han tomado con calma y cocinado a fuego lento y con sus propias manos un disco que no da lugar a excusas. “Cuando sacamos “4” y firmamos el siguiente disco con Mushroom Pillow, cambió la mentalidad sobre el escenario del grupo y empezamos a sonar más potentes y a especular menos en los conciertos haciendo un repertorio más directo. Ahora mismo nos apetecía hacer algo mucho más elaborado y ponernos retos para no caer en el aburrimiento. Hemos incorporado cuerdas y llevamos un músico extra que toca teclados para enriquecer una propuesta que era más básica y primitiva. En ese sentido era algo que necesitábamos y hemos conseguido encender la llama de la ilusión”. No ha sido un espejismo, sino dieciséis años de trabajo duro a la búsqueda de la canción perfecta, y necesitaban recuperar el entusiasmo. Repetir las mismas canciones una y otra vez, por mucho que el público esté totalmente entregado, puede llegar a ser agotador. (Pau Roca, guitarra) “A mí hay alguna canción que me ha aburrido siempre y otras que me están empezando a cansar. Cuando preparamos una actuación notamos que hace falta cosas más frescas. “Mi habitación” es una canción que nunca queremos tocar, pero luego ves que te la piden porque a la gente le apetece escucharla y lo terminamos haciendo porque es fácil y el público disfruta mucho, pero es una de las que no ensayamos nunca”. (Jorge) “No es lo mismo pensarlo que hacerlo. Con el ambiente idóneo, cualquier canción te vuelve a provocar las mismas sensaciones. Es muy bonito, pero hace falta renovarse”. “Universal” brilla desde el principio con el orgullo del que sabe que ha dado lo mejor de si mismo, y por una vez siento que no es un tópico de entrevista promocional. “Realmente el anterior disco sí que era el más oscuro y de alguna manera este es el reverso al anterior. Es un ejercicio de autoafirmación; de saber que lo que hacemos, lo hacemos bien. Técnicamente es el disco que mejor suena, la voz se oye mejor que nunca, hay arreglos mucho más logrados y ha sido un ejercicio de intentar ir un poco más allá. Creo que somos un grupo con muchas posibilidades y puede que estuviéramos un poco acomodados. No sé si lo hemos conseguido al 100% pero desde luego el porcentaje ha subido”. Ha habido mucho trabajo previo, y un porcentaje muy elevado de las canciones podrían funcionar como single. En esta ocasión, tenían las cosas suficientemente claras como para meterse ellos solos en el estudio. “Hemos grabado con Marc Greenwood (nuestro bajista), con Jordi, que era nuestro técnico de directo y ahora es casi un miembro más del grupo. El estudio estaba en Gandía, ubicado en un antiguo cine. Lo mezclamos en Red Led en Madrid con Carlos Hernández, teniendo a Marcos de Mushroom Pillow como gurú. Teníamos alrededor de 40 canciones en dos tandas de maquetas con sus respectivas regrabaciones. Entre todos hemos intentado dar forma a un disco que creemos que es nuestro mejor trabajo y el álbum por el que se nos va a recordar. Es una especie de vuelta a casa, de mirar para adentro, volver a la gente que te quiere y de alguna manera hacer que la noche se vuelva a encender, como dice una de las canciones”.
Soy un hombre nuevo. La impotencia psicológica no me abandona, pero la ciencia está de mi lado.
Por Benito Carrizosa. Ilustración: El Profesional del Hambre.
A grandes males, grandes remedios. Sigo más flojo que una morcilla, pero me he encaprichado de una post-adolescente tan vulgar como neumática que he conocido en una de las incontables discotecas que rodean el polígono en el que nos hemos comprado el pisito. Lujo periférico de gama baja, pero lujo al fin y al cabo. Mi santa se ha ido a elegir sartenes con su madre y yo he quedado con mi nuevo fichaje. Lleva un chándal negro y oro bastante suelto que deja ver un tanga de algodón escarlata. No deja de recordarme lo satisfecha que está con su cuerpo y con el rumbo que lleva su vida a sus tiernos 22 años. Mientras que ella habla sin parar sobre el derecho a vestirse como quiera sólo para sentirse bien, maquino una estrategia para tocarle el culo a la primera que se despiste. No opone resistencia y los últimos vestigios de un feminismo rancio se desmoronan ante mis manos de pulpo mecánico. Esta tarde he triunfado. Por la noche llego descansao.
La Toñi ya tiene sus nuevos fogones y parece que el asunto la estimula bastante. Desde que dejó el súper y se decidió a vivir como una mujer de toda la vida, de su pareja, apenas da importancia a mi falta de consistencia. Eso sí, he tenido que buscarme la vida pasando de la época artesanal a la industrial por tan solo siete euros y el trago de pedir en El Corte Inglés un “anillo de esos que llevan motorcito, los que están al lado de los preservativos sabor a fresa”. La cara de la dependienta fue un poema pero ya lo he superado. Mi churri se retuerce de manera admirable, está pensando en dejar el aeróbic y comprarse una tele de plasma. Sólo tengo que limitarme a conseguir que una cantidad algo decente de sangre deje de regar mi calenturiento cerebro y migre a zonas más cálidas. La microtecnología hace el resto.
No es fácil entrar en las canciones del nuevo trabajo de Shannon Wright, pero es un viaje que merece la pena hacer. Melancólicas, reflexivas y pasionales, el halo de oscuridad es tan sólo un adorno, tal vez demasiado visible pero definitivamente bello. “Algunas personas piensan que mis canciones son oscuras, pero cada uno tenemos nuestra propia percepción de lo que significa la palabra ‘oscuridad’ y nuestra forma de buscar la verdad en una canción”. Es de esos artistas que se transforman sobre el escenario y, a pesar de las buenas críticas que recibe, todavía no se ha planteado grabar un disco en directo. “Tal vez algún día… ahora no me parece que sea el momento. Es una gratificación instantánea porque es donde puedo conectar con la gente, y estoy convencida de que ésa es la parte más importante de salir a tocar frente al público. Disfruto mucho en las giras, pero también son muy cansadas. Lo único que no me gusta es que nunca tengo tiempo suficiente para ver la ciudad en la que voy a tocar”. El estudio es el lugar en el que dar rienda suelta a su faceta más íntima, pasional y reservada; a los diferentes matices de una voz que igual puede ser calificada de intensa que de agresiva. “Grabar es un proceso muy creativo del que también disfruto y aprendo con la parte técnica. No me importa si mi voz es agresiva o no, canto de la manera que me sale más natural. Me siento cómoda con todas mis canciones porque han salido de mi corazón; eso es lo principal”. Ésa debería ser la actitud, dejar fluir las cosas tal y como vienen, sin tener que preocuparse de problemas logísticos, de esos ya tuvo bastantes tras la ruptura poco amistosa con su anterior discográfica. “Llevo bastante tiempo con Touch And Go y Vicious Circle Records. Pensamos de manera muy parecida y hemos establecido una gran relación de confianza. Creo que es algo básico”. Completamente sola sobre las tablas, presenta su nuevo trabajo –“estoy realmente satisfecha”- en un formato que poco tiene que ver con cómo recomienda escuchar el disco. “Creo que hay que oírlo muy alto para comprender mejor las canciones y apreciar la atmósfera y las diferentes capas de sonido”. No es fácil, pero una vez que lo consigues es verdaderamente agradecido.
FOO FIGHTERS. In your Honor (SONY-BMG-RCA, 2005)
TEXTO: J. Batahola para Salir Urban (Diciembre, 2005)
Varios trabajos con su propia banda y nadie deja de ver a Dave Grohl como el batería de Nirvana. La banda que dio a la Generación X algo de sentido ha sido una losa en la carrera en solitario de un músico con muchas más ideas que las que le dejaba expresar el excesivo ego de Kurt Cobain. Pero Dave (¿alguien sabe el nombre de algún otro miembro del grupo?) no se rinde. Álbum doble: un cd en el que predominan las guitarras furiosas y otro en el que las protagonistas son las acústicas. El primer disco sorprende. Los temas están mucho más cerca del rock que del habitual pop de guitarras incendiarias, tiene tres o cuatro canciones que arrasarían en la MTV y el resto… para los muy fans. Han dado rienda suelta a su pasión por el rock duro en canciones como “Hell” o “The Last Song”. El segundo, suena a canciones de campamento. Temas más íntimos en los que bajan la intensidad y las revoluciones. Canciones para disfrutar mientras anochece. “Walking after You” es mi tema favorito de este segundo Cd.
TEXTO: J. Batahola para Mondosonoro.
Cuando un entrevistado no tiene ganas de hablar, uno no puede hacer mucho más que recoger los escombros que encontremos en la grabadora y sacar lo que buenamente se pueda. Sentado en la recepción de su hotel, Van Pierszalowski va soltando palabras con cuentagotas, no demasiado contento sobre el sonido de su actuación el día anterior en el primero de sus conciertos para el Primavera Club 2009 en Madrid. “No nos dio tiempo a probar sonido. El viaje en furgoneta desde Barcelona fue muy largo, y al entrar en Madrid el tráfico era horrible. Cuando conseguimos llegar ya estaba todo montado en el escenario y sólo nos quedaban unas pocas horas hasta salir a tocar. El sonido estaba muy alto y cuando la gente habla tanto como ayer lo único que puedes hacer es dejar que te moleste y enfadarte bastante, o aceptarlo y tocar centrándote en la gente que está atenta. Es algo que he aprendido a hacer con el tiempo”. La sala de columnas del Círculo de Bellas Artes puede ser un lugar precioso, pero desde luego no está acondicionado para la música en directo. Al día siguiente, sobre las tablas de la sala Caracol, la cosa fue bastante diferente. Vibrantes y enérgicos, con una melancolía camuflada de urgencia eléctrica, lo que pudimos ver poco tenía que ver con sus discos, y bastante con tratar de encontrar algo diferente y orgánico en sus propias canciones. “No me gustan los directos en los que se hace lo mismo que he escuchado en un disco, porque no creo que sea algo muy creativo. Debería de haber un contraste entre lo grabado y lo que haces en el escenario, entre el entretenimiento y la diversión de un directo y el proceso de creación que desarrollas en el estudio. No me parece que cuando tocamos en directo se pueda considerar arte, es sólo una actuación para que tanto el público como nosotros disfrutemos”. Los temas de su último álbum (Threadbare, City Slang 2009) fueron la base del repertorio. Ensombrecidos por la muerte de alguien cercano, han bajado de revoluciones a favor de los detalles. “La mayoría de nuestros trabajos tienen bastantes canciones ruidosas, pero esta vez queríamos cuidarlas al máximo. A pesar de que les dábamos un tratamiento “de rock”, la intención era que cada canción se condujera ella misma a su lugar. Muchas finalmente quedaron muy reposadas porque los sentimientos de los que hablaban necesitaban una producción más delicada. Fue un proceso muy interesante”. Alaska y la sensación de soledad al pasar varios meses en un barco de pescadores son, en esta ocasión, temas menos recurrente. “Supongo que es algo que sigue ahí de manera inconsciente, porque ha sido una parte de mi vida, de quién soy y sobre lo que escribo, pero en términos de influencia directa en las letras del último disco, no me parece que sea relevante. Supongo que volveré en el futuro, pero ahora mismo no tengo demasiado interés en escribir canciones sobre pesca”. Parco en palabras, pero apoteósico sobre el escenario, Van y su banda firmaron uno de los mejores conciertos del pasado Primavera Club en Madrid.
Me llamo Benito y soy impotente. Psicológico, pero impotente. El dolor de los dolores. Por Benito Carrizosa
El nuevo amiguito de mi santa me trae por la calle de la amargura. No ronca, lo usa cuando quiere y no tiene la desagradable manía de utilizar sus tetas como pelotas antiestrés. Me he convertido en lo que casi toda mujer desea: una prolongación de mi Visa, un cajero automático ambulante con el que no tiene que estar alerta cada vez que se quita la blusa. Sé que ellas lo niegan, pero atrévete a ir a comprar unos zapatos con tu chica. Una experiencia al límite que pone a prueba la resistencia, la cordura y la paciencia de cualquiera. Y si encima no puedes liberar la ansiedad que genera recorrer cinco tiendas buscando algo que le han visto a una compañera del curro imitando al conejito de Duracell, pues para de contar.
El caso es que los horarios demenciales a los que me somete mi nuevo jefe han causado una merma considerable en mi capacidad para conseguir heridas en la espalda. Ya lo decía Loquillo: “si no puedes sentir sus uñas sobre tu piel, sabrás como se pierde a una mujer”. Y que lo diga alguien con esa cara de chulo, esos trajes tan bien cortados y unas patillas tan infames, es mucho decir. Mi señora dice que de psicólogo nada, y que quiere cambiar la cocina. A mi problema de falta de consistencia, que le den morcilla. Eso, morcilla de arroz es con lo que me encuentro ahora, yo que siempre he sido una vela de lomo castellano. Por lo salao. La Toñi no lo entiende y yo sufro en silencio. Rememoro mis correrías tras casi cualquier humano susceptible de llevar falda y una lagrimita cae por mis cada vez más tersas mejillas. Al menos creo que estoy dejando de ser un gañán, pero a día de hoy, no sé lo que soy. Entre tanta ‘sensibilidad’, tanta cremita y tanta tontería, a mi no se me levanta y me está dejando de gustar el fútbol. ¡Soy una calamidad!
Fecha del evento:jueves, 07 de enero de 2010
TEXTO: J. Batahola para Mondosonoro.
Las dos bandas que acabaron con las entradas de Joy Eslava son un ejemplo de lo que vale un buen directo. Ninguna tiene canciones memorables, pero lo dan todo sobre las tablas, y eso sólo se consigue tocando lo más posible. Abrieron The Right-Ons con un concierto incendiario en el que manejaron a la perfección los peores (y más efectivos) trucos del rock and roll de manual. Alternando las voces, con puntuales ramalazos Beatles e incluso teniendo que cambiar el bajo a mitad de una de las canciones, presentaron varios temas de su segundo álbum terminando con una impresionante versión de Satisfaction junto a la sección de viento de los True Loves, la banda de Eli “Paperboy” Reed. El americano no estaba en su mejor día, pero con un grupo de acompañamiento espectacular y un sonido impecable; resolvió con nota sin molestarse en esconder sus influencias. Presentó temas de su cuarto disco, dio un repaso a su discografía dominando los silencios como nadie y firmó un ejemplo de profesionalidad retirándose para dejar tocar a sus músicos en “Just Like Me”. Con el público a sus pies, cerró con un par de canciones incendiarias que dejaron con ganas de mucho más.
VV.AA.
La Revolución de los Colores. (El Diablo, 2005)
J. Batahola para Salir Urban (Diciembre, 2005)
En los años sesenta tuvo lugar una revolución que llenó los surcos de aquellos fantásticos vinilos negros y pesados de color, campanillas, duendecillos alucinados y fantasía a raudales. Bastantes años después, un grupo de mozalbetes que no habían nacido siquiera cuando los sonidos de la soleada California se extendieron por el resto del mundo, están reviviendo ese momento a través de canciones lisérgicas que están dando alegría a la tristona escena nacional. Al ver los temas que componen el disco me pregunto: ¿Mezclarías tranquilamente en cualquier sesión indie “Sidonie Goes to London” junto a “Fools Gold” de Stone Roses, “24 Hours Party People” de Happy Mondays, “Caravan” de Inspiral Carpets o “Higher than the Sun” de Primal Scream? La respuesta es “sí”. Se trata de 24 temas en un doble digipack con libreto y DVD. ¡Así da gusto! En el interior los grupos que están dando color a esta pequeña revolución: Sidonie, Sexy Sadie, The Lazy Sundays, Zinedines, Carrots, Magic Bus… y dos sorpresas: Bunbury (hoy por hoy lo más parecido a una estrella del rock que tenemos en España y Amaral. Qué sí… que no es broma.
LOS SOBERANOS. Maratón Ye-Yé. (Elefant, 2005)
Texto: J. Batahola para Salir Urban (Diciembre, 2005)
Se definen a si mismos como “un grupo modélico, abstemio… gente de orden” y sus directos son lo más parecido a un guateque que puede verse sobre un escenario. Hacen versiones de “temas de actualidad” del pop más “casposo” de los años sesenta con una gracia y un desparpajo que ya quisieran para si la mayoría de los cantautores llorones que llenan de pena nuestros corazoncitos indies. Con una pericia instrumental cuando menos escasa, sus numerosos conciertos y sus constantes apariciones en el programa de Juan de Pablos “Flor de Pasión” les han convertido en un institución del ye-yé nacional. Después de varias maquetas que rodaron incansablemente entre los círculos más selectos de la escena independiente, se lanzan a la piscina con su primer disco editado en “Autopop”, la nueva etiqueta de Elefant para dar salida a material autoproducido por los propios grupos. Quince versiones con temas de Los Mustangs, Arthur Alexander, Juan y Junio, El Dúo Dinámico, Los Flecos, Rocío Durcal, Bruno Lomas y Catherina Caselli entre otros. Como guinda, un delirante videoclip.
Tal y como está el patio, descubrir un grupo nuevo siempre es motivo de alegría. Pop insustancial tan saltarín como efectivo: a bailar. TEXTO: J. Batahola para Salir Urban (Septiembre 2005)
Normalmente me pregunto por qué soy incapaz de no rendirme a unas guitarras ruidosas o un estribillo infeccioso en lugar de dejarme llevar por cualquier éxito calentito y todavía no tengo respuesta. Puede que esa debilidad sea la que me lleva a ver con tan buenos ojos a bandas como The Magic Numbers. ¿Respuestas? Su nuevo disco tiene una canción que voy a pinchar hasta aburrirme y diez más de las que me acordaré después de guardar el Cd de nuevo en su caja. Esto me lleva a preguntarme cuántos discos con las mismas características tendré apilados en casa…
Tal vez sea la necesidad de los medios especializados de llenar páginas la que nos lleva a enfrentarnos cada mes a “la nueva mejor banda de…” La revista Mojo afirmaba hace pocos meses que “han hecho quizás uno de los discos, mejor, EL DISCO por el que se recordará al 2005″. Pues un poco exagerado, la verdad… Ecos de los Beach Boys, melodías fingidamente saltarinas, distorsión en libertad condicional, cambios de ritmo perfectamente estudiados y la permanente sensación de que esto ya lo he escuchado antes. Con un poco más de la influencia de los Kinks y por supuesto Blur (que son los que de verdad deberían financiar la jubilación de Ray davies y no el gobierno británico), el disco no deja de tener su gracia. Pop saltarín blandito e inofensivo pero también adictivo. Tampoco es necesario que todo lo que suena en el discman tenga una coartada intelectual. Sólo disfruta.


