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Olöf Arnalds

07/21/2010

Texto: J. Batahola

Si no fuera por Björk, Sigur Ros y un pequeño volcán que provocó uno de los más grandes colapsos aéreos que se recuerdan, poco más sabríamos de Islandia. De sus algo más de 300.000 habitantes, 4.000 compraron el disco de debut de Olöf Arnalds, “Við og Við (2007, One Little Indian), elegido como mejor álbum de ese año por varios medios de su país. Tras casi media década como músico de apoyo en las giras de múm, llegó el momento de dar salida a unas canciones que, de momento, sólo estaban en su cabeza. Entre risas, me cuenta que nunca escribe lo que compone porque su a pesar de su educación clásica, no se apaña con las partituras. Por eso almacena (y dice no olvidarse de casi nada) las canciones y los arreglos hasta que se sienta a componer, utilizando principalmente su voz y la guitarra.  “Tocaba con ellos la viola, la guitarra y cosas pequeñas que hacían ruidos curiosos. También cantaba de vez en cuando, pero no era realmente un miembro del grupo. Nunca antes había estado de gira y aprendí algo tan importante como sobrevivir por mi misma. Ahora soy quien toma las decisiones y aunque eche de menos tocar porque somos amigos, tengo unas opiniones bastante fuertes sobre mi música y tal vez sea mejor que yo sea la que está al cargo de todo”. Sus composiciones son íntimas y delicadas, elegantes y bastante complejas. Al igual que las de múm, la diferencia está en los detalles. “Lo que más me gusta de la música son esas pequeñas cosas que le dan personalidad a una canción. Tal vez fui demasiado obsesiva en este aspecto cuando grabé el primer disco, pero quería que cada nota fuera exactamente la que quería tocar, y que la voz sonara como yo quería escucharla. La verdad es que eran canciones extrañas sobre las que no estaba demasiado segura y siempre compongo pensando en interpretarlas yo sola. ”. Calificar lo que hace de folk es un recurso fácil, pero ni ella misma sabe definirlo. “Diría que son emocionales, luminosas y acústicas. Lo único que tengo claro es que no están dentro de un estilo definido. Me gusta el folk americano, pero también la música clásica y los grupos islandeses de los años 50. Me inspiran bastante, porque Islandia no tiene verdaderamente una tradición musical importante, y eso te da mucha libertad. La verdad es que ni siquiera cuando era adolescente era demasiado curiosa y todavía me sigue dando mucha vergüenza entrar a una tienda de discos porque nunca me acuerdo de los nombres de los artistas. En todo caso, lo que escuchas, sea donde sea, te influye de alguna manera porque pasa a formar parte de tu inconsciente”. Jonathan Richman se la llevó de gira por Estados Unidos, Björk (ha grabado voces en “Surrender”, una de las canciones de su segundo trabajo) habla maravillas de “su voz joven y anciana a la vez” y ha tocado y grabado con bandas como Slowblow, Mugison, Nix Noltes y Kitchen Motors. Kjartan Sveinsson (teclista de Sigur Ros) ha vuelto a ser el encargado de acompañarla en el estudio produciendo un segundo álbum que Houston Party editará en España. “Innundir Skinni” (“Bajo la piel”) parte con la novedad de que utiliza el inglés además de su lengua materna. Como ella dice, no hace falta entender las letras si la canción te transmite algo. “Me encanta cantar en islandés porque creo que el idioma con el que has aprendido a pensar es el que crea tu mundo de palabras con el que te expresas y organizas tu pensamiento, aunque te puedas comunicar en más idiomas. Aunque la mayoría de la gente no entienda lo que estoy cantando, me gusta la experiencia de ver lo que sienten y decidí utilizar el inglés para explorar nuevas vías de comunicación”. En esta ocasión, ha preferido no hacerlo todo ella sola buscando no repetir lo mismo que en su primer disco. Estar en constante movimiento es su forma de evolucionar y experimentar, aunque insista en que ella tiene la última palabra. “Sentía que ya había grabado por mi misma y me apetecía que otros colaboraran en mi proyecto. Grabábamos la voz, la guitarra y algún otro instrumento a la vez. Era algo como grabar en directo pero sobre lo que podías tener mucho más control. Los arreglos son más complejos y para eso necesitaba colaboraciones. Fue maravilloso poder contar con Ísafold, una orquesta de cámara islandesa de gente muy joven”.

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