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SR. CHINARRO

11/01/2010


Texto:
J. Batahola para Salir Urban (Diciembre, 2006).
Foto: Alfredo Arias

Sentir una angustiosa sensación de soledad entre una multitud no es una patología, es autodefensa. Sin arte ni salero: Antonio Luque.
A veces los críticos nos dejamos llevar y en pocos meses un grupo completamente desconocido (o simplemente inexplorado) se convierte en la sensación del mes. Otras, simplemente, nos hacemos con una banda y no la soltamos ni a tiros, convirtiéndola en nuestro juguete. Con Sr. Chinarro ha ocurrido algo parecido. En la calle pasa casi desapercibido, pero en las redacciones de los medios especializados tiene su rincón de cielo. Un cielo demencial, absurdo y juerguista.
“Lo he visto de cerca. Es un imperio de papel levantado por gente pequeñita. Funciona así: yo te considero periodista musical si tú me consideras compositor”. La frase, pronunciada hace más de diez años en una entrevista con un fanzine, se ha convertido en un axioma desde que empecé a escribir sobre música, porque no sólo de ritmos sincopados, guitarras afiladas, sintes del 82, tardes de café, galletas y cine experimental vive el joven moderno. Para sobrevivir en el desastre contemporáneo, también es necesario reírse muchísimo de uno mismo, con canciones saladas como el primer beso y amargas como el primer amor que nos hizo daño de verdad.
Con el oficio de un operario que lleva mucho tiempo en esto de hacer canciones, Luque ha construido un paraíso del disparate en el que las canciones empiezan después de muchos años a tener estribillos, las palabras son una mera herramienta para hilar pequeñas danzas regionales y cuentos de miedo protagonizados por personajes cotidianos en los que el bueno nunca gana y la chica siempre se va siempre con otro. Como la vida misma, por otra parte. Proféticas y predecibles después de ocho elepés (que es como él sigue llamando a cada uno de sus álbumes a pesar de que no le queda más remedio que vivir en la era digital), las canciones de este andaluz se trasladan a un universo tan irrealmente real que asusta. Lo consigue con dosis letales de mala leche: un mundo diferente como el patio de mi casa, que es particular hasta que el ayuntamiento me lo expropie o decida hacer un túnel debajo de mis geranios. Cuando la tristeza sale de juerga y nuestra vida diaria se convierte en absurdo, seguro que llega a convertirse en versos de Sr Chinarro, a base de frases aparentemente incoherentes que se alejan de la realidad porque no les queda más remedio y en las que se ríe continuamente de quienes le consideran artista de culto, de los indies que cantan en inglés mirando al suelo, de los calaveras con guitarra y chaquetilla ochentera y de todo lo que se le ponga por delante. En general, su fama de arisco ha disminuido con el tiempo, una vez que cayó en la cuenta de que la persona que se encontraba delante con la grabadora se tomaba su música más en serio que él. Ni rock canalla ni cantautor costumbrista, con el botellín en una mano y un cigarro en la otra, demostrando que se puede hacer poesía desde la barra de una bodega de barrio, ahí tenemos a Sr. Chinarro para dar fe o para dar la nota, la elección es siempre subjetiva. Egocéntrico y catastrofista, sí… ¿y qué? Ole con ole.

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