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DESTROYER

06/01/2011

Las canciones de “Kaputt” el ultimo trabajo de Dan Bejar al frente de Destroyer, no desentonarían en un baile en un hotel decadente de Benidorm. Entre oro falso y marfiles de pega, una nostalgia exquisita se apoderaría de nosotros llevándonos a un territorio desconocido y amable en el que soñar con saxofones y trompetas. Con la elegancia de Neil Hannon o la delicadeza de Josh Rouse, ha grabado un noveno disco en el que los aires ochenteros son imposibles de esconder. A pesar de no ser nada malo en si mismo, al otro lado del teléfono Bejar se resiste a admitirlo. “No creo que suene tanto a la música de los años ochenta, lo debes de decir por la sección de vientos, ¿no? La verdad es que yo no creo que sea realmente músico, tan sólo hago canciones, porque no me expreso a través de ningún instrumento en concreto. Busco sonidos que me emocionen y que tengan algún significado para mí. Siempre me han encantado los saxofones y esta vez no me he reprimido a la hora de utilizarlos. En este disco, la sección rítmica ha tenido un peso muy importante, incluso hemos utilizado un bajo sin trastes que tiene un timbre muy especial. Es un disco diferente –puede que tenga algo de influencia del jazz que he empezado a escuchar recientemente- y hemos tardado casi un año y medio en grabarlo, pero no por los motivos que la mayoría de las críticas van a decir. En realidad, no quería hacer orquestaciones barrocas ni centrarme demasiado en las estructuras”. Desde que en 2004 editara “Your Blues”, Dan Bejar ha evolucionado en el uso de los arreglos y las texturas, aunque tal vez sea este el álbum que más se parece al primero. Nueve canciones con clase, como las que Brian Ferry firmaría si decidiera a volver a grabar algo decente, que no ocultan la melancolía pero tampoco hacen de ella una bandera. “Tal como está el mundo, la tristeza es un sentimiento con el que es fácil llevarse, aunque me parece que al escribir más bien tiendo a mostrar mi insatisfacción con cómo son las cosas. Eso no quiere decir en absoluto que yo sea una persona depresiva o algo así. Tengo la impresión de que la gente me ve como un capullo intelectual que siempre está quejándose, pero yo no tengo esa percepción. Soy mucho más divertido de lo que te puedes pensar”. En las distancias cortas, es cierto que no parece un cenizo. Bromea cuando le pregunto sobre la influencia de la new wave en su música y nos reímos al hablar de si es necesario un estado de ánimo especial para presentar líneas como “escribo poesía para mí mismo”. “Me hace gracia que tantos periodistas me pregunten por esto. Siempre me piden que explique algo de las letras, pero si analizas demasiado cualquier cosa te lleva a significados erróneos, y bastante alejados del sentido original. Parto de la idea de la diferencia entre el significado de las cosas y las acciones que son consecuencia de las palabras. Suelo verlo en términos ‘funcionales’, pero ahora comprendo mejor el sentido emocional o incluso instintivo de lo que escribo. Lo más raro es que las letras de ‘Kaputt’ son las más literales que he hecho nunca”. Ya sea con The New Pornographers, Swan Lake o bajo el nombre de Destroyer, Bejar parece no parar de hacer canciones. “Es cierto que compongo mucho, pero casi todo lo que hago lo grabo. No tengo demasiado material inédito o a medio hacer, aunque hubo un momento en el que sí fue así. Ahora me lo tomo con mucha más calma, me siento y toco la guitarra. Hace algún tiempo que no compongo nada, porque no es algo que puedas hacer como si fuera un trabajo de oficina, o al menos yo no soy capaz de hacerlo así. Mi relación con las canciones es un poco extraña y ahora mismo no sé muy bien cuál es. Me gustaría probar a escribir de manera un poco más ‘convencional’, igual el resultado no es tan malo”. “Kaputt” es un disco consistente, sólido. Dinámico en momentos puntuales, la mayoría de temas requieren varias escuchas para empezar a disfrutarse como merecen. La voz es, en esta ocasión, la principal diferencia con pasos anteriores. “He cantado de manera distinta, de manera inconsciente. En algunos temas es casi más como hablar al vacío, y estoy muy satisfecho con el resultado. Supongo que también tiene que ver con la cantidad de tiempo que hemos tardado en grabar. Esa parte de ‘perder el tiempo’ se refleja en el estado de ánimo de las canciones. Ha sido largo, pero muy relajado”.

Escúchalo aquí.

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